Nada más salir del Aeropuerto Internacional McCarran de Las Vegas, lo primero que nos da la bienvenida es una bofetada de calor asfixiante que te cagas… Lo único bueno que tiene es que por lo menos no hay humedad, pero el sol es abrasador de verdad.
Cargados como unas mulas esperamos el shuttle que nos lleve a la puerta del hotel. En nuestro caso, el Flamingo, el más viejo, el que abrió un mafioso y llamó así, según una guía porque su novia tenía las piernas muy largas (como los flamencos), y según el audio del avión que nos llevó al Grand Canyon, porque la novia era pelirroja. Yo creo que tiene más sentido la primera, no? El bus nos deja en la misma puerta del Flamingo y vamos a hacer el check-in, subimos a la habitación (la 5015) y nos ponemos un poco más cómodos y nos vamos a ver el Strip. Strip se ve que se le llama al suelo de madera sobre el que se hace una edificación (o algo así), y se ve que el primer hotel que hicieron en Las Vegas Blvd lo hicieron sobre “strip”; y así se le quedó a esta parte de la calle. Nuestro hotel en particular se ve un poco desmejorado, se nota que ha vivido momentos mejores; pero no deja de tener su encanto por ser un clásico.
Cuando salimos del hotel todavía había sol. Salimos por la entrada de coches y fuimos a dar a la entrada al casino, empezamos a andar por la acera y lo primero que nos encontramos fue a los repartidores de tarjetas de señoritas de vida alegre, chasqueando las cartas y poniéndotelas delante. Los primeros 5 minutos hace gracia, luego hincha las narices… Como es de día y las luces no se ven, no llama mucho la atención, pero vamos siguiendo la calle hacia el norte, dirección la Stratosphere (a la que no subí al final). El primer hotel que llama verdaderamente la atención subiendo la calle es el The Palazzo & The Venetian. Son verdaderamente impresionantes, todo lujo. Una vez que entras te quedas flipado del todo, y cuando entras en la zona de tiendas, que está atravesado por un canal veneciano… Los gondoleros pasean a los turistas cantando, el techo está pintado como si fuera el cielo, y la Plaza de San Marcos está super lograda.
Una vez salimos de este no paramos hasta llegar al Circus Circus. Yo me leí el libro (y luego vi la peli de Johnie Depp y Benicio del Toro) “Miedo y Asco en Las Vegas”, raro donde los haya, desfase y drogas a muerte. Pues bien, una escena transcurre en el tiovivo que hay dentro dando vueltas todo el rato; y quería verlo. Claro, el libro transcurría en los ’70, así que entonces igual tenía algo de esplendor. Ahora, hasta el payaso que está fuera está descolorido…
Volvemos por donde vinimos, pero nos cambiamos de acera para visualizar mejor los casinos de la nuestra con las luces encendidas. Vimos el Wynn y el Encore por fuera, 2 edificios impresionantes; a la derecha se veía un poco más apartada la torre Tramp, dorada. Y escuchamos ruidos… Yo quería ver el espectáculo del Treasure Island (o TI, como guste), que se llama “Sirens of TI”, pero no sabía la hora a la que comenzaba. Ahora sí, es a las 7pm. Cómo vimos el final solamente, al día siguiente estuvimos allí, cámara de vídeo en ristre, para verlo entero.
Seguimos por el Strip y a nuestra derecha van pasando los hoteles-casino… Primero el Mirage, al que no prestamos demasiada atención, luego el Caesar Palace, al que entramos por el Forum Shops, también bastante guapo por dentro (hay bastantes estatuas y hasta una fuente en la que se mueven) y por fuera. Este hotel es el que sale en “Resacón en Las Vegas”, en la que se encuentran un tigre en la habitación cuando se levantan con amnesia por la mañana… Al lado justo está el Bellagio y sus fuentes, que, si no me equivoco, es el hotel que sale en Ocean’s Eleven. El espectáculo de las fuentes con música, que además es gratuito, es muy interesante. Creo que lo hacen cada 15 minutos, pero no se a partir de que hora por la tarde.
Prácticamente no hay que salir de los hoteles para pasar de uno a otro. Y para cruzar las calles entre ellos hay pasos elevados que te meten dentro directamente. Lo que es complicado en la mitad del Strip es cruzar de acera. Hay un paso cada bastante. Nosotros no pudimos cruzar en 2 manzanas. Pasamos por delante de unos locales ocupados por tiendas, entre ellas una dedicada a la Coca-cola y otra a los M&M’s, más todas las demás que se dedican a los gifts, que las hay debajo de las piedras…
En lo que nos quedó de noche pasamos por el MGM Grand, de un color verde que pensaba que era la iluminación del hotel, pero que luego lo vimos de día y seguía teniendo el mismo tono. También entramos en el New York, New York, que tiene fuera representados todos los iconos significativos de la Gran Manzana, como la Estatua de la Libertad o el Empire…y tiene una montaña rusa que lo atraviesa que también me queda pendiente para la próxima visita. El lunes acabó allí, estábamos bastante hechos polvo y acusábamos el cambio de hora de costa a costa, que son 3 nada menos. Además hablé con la agencia con la que contratamos la excursión al Gran Cañón y quedamos en que el pick-up nos pasaría a buscar a las 6.20am.
Nos levantamos y nos recoge el bus. Como el hotel es tan grande y tiene diferentes entradas, por la maldita ley de Murphy, nos equivocamos y nos ponemos en la que no es. Menos mal que me dio por mirar a la vuelta de la esquina y vi que había otra entrada…
De la excursión sólo puedo decir que es una pasada… La inmensidad del cañón te hace parecer una hormiga. Una vez que llegamos con el bus al aeropuerto en las afueras de Las Vegas, nos subimos a la avioneta que nos hace una ruta que pasa por encima de la presa Hoover y el lago Mead. Después de unas cuantas explicaciones sobre la presa y el cañón, llegamos al aeropuerto del cañón. Antes de aterrizar veo desde el cielo el Skywalk, la pasarela de cristal que está suspendida en el vacío y que te hace sentir que estás flotando en el aire. No lo hicimos. La verdad, no creo que vaya a echar de menos… Sobre todo cuando antes habíamos hecho también la ruta en helicóptero por el interior y el paseo en la barca por el río colorado... Una vez de regreso en el helicóptero, donde por cierto, Sandra se sentó en la cabina con el piloto, nos llevaron con el bus al Skywalk y luego a comer a otro punto del cañón desde donde hay unas vistas espectaculares.
Resumiendo: Hay que ir al Gran Cañón…
De vuelta en el hotel, no fuimos directos a la piscina… Con el calor que habíamos pasado, nos vino de muerte. Cuando el sol empezaba a desaparecer por detrás del hotel y sus palmeras nos fuimos a la habitación. Nos metimos una duchita y nos fuimos a ver lo que teníamos pendiente. Fuimos directos al TI a ver a las sirenas.
Nada más acabar cogimos un bus que nos llevó al Downtown, a la calle Fremont y su Fremont Street Experience. El techo que hace las veces de pantalla y en el que van apareciendo imágenes, en nuestro caso vimos cuando llegamos un video con la canción “American Pie”, si es que se llama así, y cuando nos íbamos, la de Queen, “We Will Rock You”. Independientemente de las luces, había 2 escenarios, uno en cada penúltima calle de cada lado, gente tocando y otros haciendo sus cosas por ahí. Lo del techo de pantalla es algo que hay que ir a ver si vas a Las Vegas.
Volvimos al Strip y el bus nos dejó en la puerta del Mandalay Bay, pasamos por la entrada y nos fuimos directos al Luxor. La pirámide egipcia con un rayo de luz que sale de la punta hacia el cielo y con una Efigie en la entrada. Como es de suponer, el interior también está ambientado de la misma temática y merece un paseo. Cruzamos al lado y entramos en el Excalibur, decorado de temática medieval, con torreones, almenas, etc. Es gracioso, pero me llamó más la atención por fuera que por dentro.
Yo ya estaba un poco destrozado, así que nos fuimos dando un paseo hacia el hotel. Se me hizo eterno. Sólo paré para comprar algo para el desayuno. Y cuando llegué a la habitación caí casi inmediatamente derrumbado en la cama. A la día siguiente nos tocaba ir a Los Ángeles y teníamos que ir a recoger el coche de alquiler que ya no soltaremos hasta San Francisco.